lunes, 5 de noviembre de 2007

Reseña de lectura, sesión #14

Tarea sesión #14: Breve reseña de lecturas

Introducción
A continuación se presenta una reseña de la lectura: El maestro frente a la influencia educativa de la televisión. Guía del maestro de educación básica. Mirando la televisión desde la escuela. Vol. 1. Se intercalan comentarios personales y al final una reflexión.
Desarrollo
Esta interesante guía está organizada en ocho secciones, a través de las cuales se pretende motivar al maestro de educación básica a asumir su papel como “mediador” entre la TV y sus alumnos. La pregunta central, es: ¿Por qué asumirse como el maestro “mediador” entre la TV y los niños?
Como maestros debemos de tomar en cuenta la recomendación de J. Dewey: “Si aquello que aprenden los niños fuera del salón de clases incide en su aprendizaje escolar, es responsabilidad del maestro dar cuenta también de ese aprendizaje”; lo cual viene al caso por la actitud que tomamos con respecto a la TV. Si aceptamos que les encanta ver televisión y que aprenden de ella a menudo más que en el aula, si ponemos atención a que comentan con más entusiasmo lo que vieron en la TV que en nuestra clase, es momento de reflexionar y preguntarnos el “por qué” para buscar aprovecharla en vez de satanizarla o de regañarlos, o de culpar a los padres porque les permiten verla.
¿Por qué nos preocupa que vean TV? ¿Acaso porque la programación es de mala calidad? o ¿Porque los niños juegan menos por ver TV? o ¿Porque deshace lo que tratamos de hacer?… Una cosa debemos aceptar con honestidad: La TV no educa pero los niños aprenden de ella. Así que partamos desde ahí.
Aún muchos profesores pensamos que por culpa de la TV los alumnos a) se desvelan, b) han perdido el gusto por la lectura, c) no hacen bien sus tareas, d) bajan su rendimiento escolar, etc. Pero si hiciéramos un análisis honesto de nuestras preocupaciones y de los síntomas observados en los alumnos quizás nos percataríamos que algunas de nuestras opiniones son más bien juicios sin fundamento o prejuicios que hemos desarrollado en contra de la TV.
Le acusamos de muchos males en lo que respecta a la educación de los niños, pero escasamente se reconoce que también tiene efectos positivos. Es difícil aceptar que los alumnos aprendan divirtiéndose, aparentemente sin realizar ningún esfuerzo mental, sobretodo para los profesores que aún piensan que “las letras con sangre entran”. Es necesario reconocer, -nos guste o no- que los medios de comunicación, y en especial la TV, se han convertido en importantes instituciones educativas, a la vez que la escuela ha ido perdiendo relevancia.
En base a estudios realizados, se distinguen nueve tipos de efectos educativos de ver TV: 1) desplazamientos, 2) alteraciones del ritmo cognoscitivo, 3) estimulación informativa, 4) estimulación afectiva, 5) provisión de estereotipos, 6) conocimiento paralelo, 7) “cultivación” de actitudes y disposiciones, 8) provisión de representaciones, 9) interpelación pasiva de los televidentes. Cada uno de ellos conlleva beneficios y perjuicios, lo cual es conveniente reconocer y manejar a favor de nuestros alumnos. Peor es hacer ¡nada!
De entrada es recomendable hacer un autodiagnóstico del maestro mediador para reconocer en que grupo nos ubicamos. En lo personal, este autodiagnóstico indica que estoy en disposición de convertirme en mediadora de la TV con mis alumnos.
En mayor o menor grado, los profesores presentamos una o más actitudes de resistencia como las siguientes: resistencia a tomar la iniciativa, a arriesgar, a confiar en si mismos y al cambio y a la innovación. También vemos como obstáculos: la carga de trabajo, la falta de capacitación, no saber cuales puedan ser los resultados, falta de un proyecto pedagógico mediador, falta de recompensa, falta de apoyos institucionales, etc.
Reflexión
Si hemos decidido dedicarnos a la docencia y vamos a trabajar en ello, mínimo por treinta años, vale la pena vencer nuestras propias resistencias al cambio y actualización, vale también la pena derribar obstáculos y proponernos impartir una clase como nos hubiera gustado recibirla nosotros; finalmente, debemos tener siempre en la mente cuando estemos frente a grupo: ¿me hubiera gustado recibir como alumno una clase como la que estoy impartiendo en este momento? Contestarla con honestidad y enderezar el rumbo si es necesario, nuestros alumnos lo agradecerán. ¡Ah! Y tener en cuenta que de niños nos gustaba ver TV y lo que hubiéramos agradecido que nuestro profesor la utilizara en su clase aunque fuera a ratitos.

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